Y el dolor siempre es pérdida. Un dedo quemado significa que el cuerpo ha perdido las células de la superficie de ese dedo. Están muertas. Un golpe en la cabeza significa la muerte de las células del cuero cabelludo y otras células de la zona. El organismo entero, pues, es advertido de la proximidad de una fuente de muerte, y así intenta retirarse de esta.
La pérdida de un ser amado es también una pérdida de supervivencia. La pérdida de una posesión es también una pérdida de potencialidad de supervivencia. Se confunde, entonces, el dolor físico y la pérdida de organismos u objetos de supervivencia. Y por tanto, existe lo que se llama dolor mental.
Pero la vida, en toda su contienda contra el universo físico, no tiene paciencia alguna para el fracaso. Un organismo tan insensato como para permitir que lo golpeen demasiado fuerte y así ser deprimido hasta la inconsciencia, permanece cerca del objeto que produce el dolor. Si ese organismo fracasa de forma tan notoria en sobrevivir se considera que no va en pro de la supervivencia.
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